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Blog do Desemprego Zero

Socialismo para ricos

Postado em 2 dEurope/London julho dEurope/London 2009

Por Joseph E. Stiglitz

Fonte: O Globo (02/07/09).

O contribuinte desembolsou bilhões em garantias – e vai pagar no futuro

Com toda a conversa sobre os “brotos verdes” da recuperação econômica, os bancos americanos estão fazendo esforços para regulá-los. Políticos falam sobre seu compromisso com uma reforma regulatória para prevenir uma recorrência da crise. Esta é uma área em que o diabo realmente está nos detalhes – e os bancos vão mostrar se ainda têm músculos para continuar agindo como no passado.

O velho sistema funcionou bem para os banqueiros (não para os acionistas), então por que mudar? De fato, os esforços para salvá-los deram tão pouca atenção ao tipo de sistema financeiro que emergirá após a crise que acabaremos com um sistema bancário menos competitivo, com bancos-grandesdemaispara-falir ainda maiores.

Há muito se reconhece que essas instituições americanas são grandes demais também para serem dirigidas.

Esta é uma das razões para que o desempenho de vários deles tenha sido tão fraco. Como o governo garante os depósitos, ganha também um papel importante na reestruturação bancária (ao contrário de outros setores). Normalmente, quando um banco quebra, o governo engendra uma reestruturação financeira; se tiver que pôr dinheiro, ganha, é claro, uma participação. O governo sabe que, se esperar muito, bancoszumbis ou quase zumbis – com pouco ou nenhum capital, mas tratados como se fossem instituições viáveis – vão apostar em sua própria ressurreição.

Se apostarem alto e ganharem, levarão o lucro; se falharem, o governo assume o rombo. Leia o resto do artigo »

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Developing Countries and the Global Crisis

Postado em 27 dEurope/London abril dEurope/London 2009

by Joseph E. Stiglitz

Fonte: Project Syndicate (versão em espanhol)

NEW YORK – This year is likely to be the worst for the global economy since World War II, with the World Bank estimating a decline of up to 2%. Even developing countries that did everything right – and had far better macroeconomic and regulatory policies than the United States did – are feeling the impact. Largely as a result of a precipitous fall in exports, China is likely to continue to grow, but at a much slower pace than the 11-12% annual growth of recent years. Unless something is done, the crisis will throw as many as 200 million additional people into poverty.

This global crisis requires a global response, but, unfortunately, responsibility for responding remains at the national level. Each country will try to design its stimulus package to maximize the impact on its own citizens – not the global impact. In assessing the size of the stimulus, countries will balance the cost to their own budgets with the benefits in terms of increased growth and employment for their own economies. Since some of the benefit (much of it in the case of small, open economies) will accrue to others, stimulus packages are likely to be smaller and more poorly designed than they otherwise would be, which is why a globally coordinated stimulus package is needed.

This is one of several important messages to emerge from a United Nations Experts Commission on the global economic crisis, which I chair – and which recently submitted its preliminary report to the UN.

The report supports many of the G-20 initiatives, but it urges stronger measures focused on developing countries. For instance, while it is recognized that almost all countries need to undertake stimulus measures (we’re all Keynesians now), many developing countries do not have the resources to do so. Nor do existing international lending institutions. Leia o resto do artigo »

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The Triumphant Return of John Maynard Keynes

Postado em 18 dEurope/London dezembro dEurope/London 2008

Em The Triumphant Return of John Maynard Keynes, de Joseph Stiglitz destaca os seguintes pontos:

“We are all Keynesians now. Even the right in the United States has joined the Keynesian camp with unbridled enthusiasm and on a scale that at one time would have been truly unimaginable”.

“For those of us who claimed some connection to the Keynesian tradition, this is a moment of triumph, after having been left in the wilderness, almost shunned, for more than three decades. At one level, what is happening now is a triumph of reason and evidence over ideology and interests”.

“The neo-liberal push for deregulation served some interests well. Financial markets did well through capital market liberalization. Enabling America to sell its risky financial products and engage in speculation all over the world may have served its firms well, even if they imposed large costs on others”. 

“Today, the risk is that the new Keynesian doctrines will be used and abused to serve some of the same interests. Have those who pushed deregulation ten years ago learned their lesson? Or will they simply push for cosmetic reforms – the minimum required to justify the mega-trillion dollar bailouts? Has there been a change of heart, or only a change in strategy? After all, in today’s context, the pursuit of Keynesian policies looks even more profitable than the pursuit of market fundamentalism!”

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Si busca crecimiento, gire a la izquierda

Postado em 17 dEurope/London agosto dEurope/London 2008

by Joseph E. Stiglitz

Versão em inglês

Tanto la izquierda como la derecha dicen defender el crecimiento económico. ¿Esto quiere decir que los votantes que intentan decidirse entre ambas no tendrían más que pensar que se trata de algo así como elegir equipos de gestión alternativos?

¡Ojalá las cosas fueran tan fáciles! Parte del problema tiene que ver con el papel que juega la suerte. La economía de Estados Unidos estuvo bendecida en los años 1990 con precios bajos de la energía, un ritmo alto de innovación y la oferta cada vez mayor por parte de China de productos de alta calidad a precios cada vez más bajos. Todo esto se combinó para producir una inflación baja y un crecimiento rápido.

El presidente Clinton y el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan, merecen escaso crédito por todo esto -aunque, sin duda, la implementación de malas políticas podría haber complicado las cosas-. En cambio, los problemas a los que nos enfrentamos hoy -precios elevados de la energía y de los alimentos y un sistema financiero en crisis- fueron generados, en gran medida, por malas políticas.

Existen, por cierto, grandes diferencias en las estrategias de crecimiento, que tornan factibles diferentes resultados. La primera diferencia tiene que ver con cómo se concibe el crecimiento en sí. El crecimiento no es sólo cuestión de aumentar el PBI. Debe ser sostenible: un crecimiento basado en la degradación ambiental, una orgía de consumo financiado con endeudamiento o la explotación de recursos naturales escasos, sin reinvertir las ganancias, no es sostenible.

El crecimiento también debe ser inclusivo; al menos una mayoría de los ciudadanos deben resultar beneficiados. La economía por carácter transitivo no funciona: un aumento del PBI, en realidad, puede dejar a la mayoría de los ciudadanos peor parados. El reciente crecimiento de Estados Unidos no fue ni económicamente sustentable ni inclusivo. La mayoría de los norteamericanos hoy están peor que hace siete años.

Pero tiene que haber una ventaja relativa entre desigualdad y crecimiento. Los gobiernos pueden mejorar el crecimiento aumentando la inclusividad. El recurso más valioso de un país es su pueblo. De manera que es esencial asegurar que todos puedan vivir de la mejor manera posible, lo que requiere oportunidades de educación para todos.

Una economía moderna también requiere correr riesgos. Los individuos están más dispuestos a asumir riesgos si existe una buena red de contención. De lo contrario, los ciudadanos tal vez exijan protección de la competencia extranjera. La protección social es más eficiente que el proteccionismo.

El no promover la solidaridad social puede tener otros costos, entre los cuales no son menores los gastos sociales y privados necesarios para proteger la propiedad y encarcelar a los delincuentes. Se calcula que de aquí a unos años, Estados Unidos tendrá más gente trabajando en el negocio de la seguridad que en el sector de educación. Un año en la cárcel puede costar más que un año en Harvard. El costo que implica encarcelar a dos millones de norteamericanos -uno de los índices más altos en el mundo- debería considerarse como una deducción del PBI; sin embargo, se suma.

Una segunda diferencia importante entre la izquierda y la derecha tiene que ver con el papel del estado a la hora de promover el desarrollo. La izquierda entiende que el rol del gobierno en cuanto a proporcionar infraestructura y educación, desarrollar tecnología y hasta actuar como emprendedor es vital. El gobierno sentó las bases de Internet y las revoluciones biotecnológicas modernas. En el siglo XIX, la investigación en las universidades respaldadas por el gobierno de Estados Unidos sirvió de base para la revolución agrícola. El gobierno luego acercó estos avances a millones de granjeros norteamericanos. Los préstamos a pequeñas empresas han sido medulares en la creación no sólo de nuevas empresas, sino de nuevas industrias en su totalidad.

La diferencia final puede parecer extraña: la izquierda ahora entiende los mercados y el papel que pueden y deberían desempeñar en la economía. La derecha, especialmente en Estados Unidos, no. La Nueva Derecha, estereotipada por la administración Bush-Cheney, es realmente corporativismo del viejo bajo un nuevo disfraz.

No son libertarios. Creen en un estado fuerte con poderes ejecutivos robustos, pero un estado utilizado en defensa de intereses establecidos, que le brinda escasa atención a los principios del mercado. La lista de ejemplos es larga, pero incluye subsidios a grandes granjas corporativas, aranceles para proteger a la industria del acero y, más recientemente, los mega-rescates de Bear Stearns, Fannie Mae y Freddie Mac. Pero la inconsistencia entre retórica y realidad es de larga data: el proteccionismo se expandió durante el gobierno de Reagan, incluso a través de la imposición de las llamadas restricciones voluntarias a las exportaciones de autos japoneses.

Por el contrario, la nueva izquierda intenta hacer que los  mercados funcionen. Los mercados sin trabas no funcionan bien por cuenta propia -una conclusión reforzada por la actual debacle financiera-. Los defensores de los mercados a veces admiten que fallan, incluso de manera desastrosa, pero sostienen que los mercados se “autocorrigen”. Durante la Gran Depresión, se escuchaban argumentos similares: el gobierno no necesitaba hacer nada, porque los mercados, a la larga , llevarían a la economía de nuevo al pleno empleo. Pero, como dijo John Maynard Keynes, a la larga todos estamos muertos.

Los mercados no se autocorrigen en un margen de tiempo relevante. Ningún gobierno puede mantenerse ocioso mientras un país cae en la recesión o la depresión, incluso cuando éstas estuvieran causadas por la ambición excesiva de los banqueros o el error por parte de los mercados de seguridad y las agencias de calificación a la hora de evaluar los riesgos. Pero si los gobiernos van a pagar las cuentas de hospital de la economía, deben actuar de manera tal que la hospitalización no resulte tan necesaria. El mantra de desregulación de la derecha era lisa y llanamente un error, y ahora estamos pagando el precio. Y el precio -en términos de pérdida de producción- será alto, superando quizá los 1,5 billones de dólares sólo en Estados Unidos.

La derecha suele rastrear su origen intelectual hasta Adam Smith, pero mientras que Smith reconocía el poder de los mercados, también reconocía sus límites. Incluso en su época, las empresas pensaban que podían incrementar más fácilmente las ganancias si conspiraban para que aumentaran los precios que si elaboraban productos innovadores de manera más eficiente. Hacen falta leyes antimonopólicas sólidas.

Es fácil ser el anfitrión de una fiesta. Por el momento, todos se sienten bien. Promover el crecimiento sostenible es mucho más difícil. Hoy, a diferencia de la derecha, la izquierda tiene una agenda coherente que no sólo ofrece mayor crecimiento, sino también justicia social. Para los votantes, la elección debería ser sencilla.

 

Joseph E. Stiglitz, profesor en la Universidad de Columbia, recibió el premio Nobel de Economía en 2001.

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Quem confia na sabedoria convencional?

Postado em 5 dEurope/London maio dEurope/London 2008

Rodrigo L. Medeiros*

Causa certo espanto o silêncio que a coletânea de artigos de John Kenneth Galbraith (1908-2006) provoca. Sob o título ‘Galbraith essencial’ (Futura, 2007), o livro reúne os principais textos do grande economista radicado nos EUA.

Galbraith foi um contestador do senso comum e cunhou expressões famosas como “poder compensatório” e “sabedoria convencional”. Foi antes de tudo um inovador da escola institucionalista e apoiou-se academicamente em intelectuais do porte de Thorstein Bunde Veblen e John Maynard Keynes.

No que diz respeito ao momento brasileiro, suas observações sobre a sabedoria convencional merecem atenção. Segundo Galbraith, a sabedoria convencional apóia-se nas idéias aceitáveis para buscar estabilidade. Sua articulação é prerrogativa de pessoas que buscam influenciar processos. Leia o resto do artigo »

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Financial Hypocrisy – BY JOSEPH E. STIGLITZ

Postado em 26 dEurope/London fevereiro dEurope/London 2008

O premio Nobel de Economia Joseph Stiglitz critica a hipocrisia financeira em torno à crise das “subprimes”… 

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