by Robert Skidelsky
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La bancarrota amenazadora de Lehman Brothers y la venta forzada de Merrill Lynch, dos de los nombres más importantes en el mundo de las finanzas, marcan el fin de una era. Pero, ¿qué vendrá a continuación?
Los ciclos de las modas económicas son tan antiguos como los ciclos comerciales y normalmente son causados por profundos disturbios comerciales. Tras los ciclos “liberales” vienen los ciclos “conservadores”, que dan lugar a nuevos ciclos liberales, y así sucesivamente.
Los ciclos liberales se caracterizan por una intervención gubernamental y los ciclos conservadores, por un repliegue gubernamental. Un ciclo liberal prolongado se extendió desde los años 1930 hasta los años 1970, seguido por un ciclo conservador de desregulación económica, que ahora parece haber seguido su curso. Con la nacionalización de dos bancos hipotecarios gigantescos de Estados Unidos, Fannie Mae y Freddie Mac, tras la nacionalización a principios de este año del británico Northern Rock, los gobiernos empezaron a intervenir para impedir colapsos en el mercado. Los días temerarios de economía conservadora terminaron -por ahora.
Cada ciclo de regulación y desregulación es provocado por crisis económicas. El último ciclo liberal, asociado con el Nuevo Trato del presidente Franklin Roosevelt y el economista John Maynard Keynes, fue generado por la Gran Depresión, aunque hizo falta el masivo gasto gubernamental de la Segunda Guerra Mundial para que se pusiera en marcha como corresponde. Durante las tres décadas de era keynesiana, los gobiernos en el mundo capitalista manejaron y regularon sus economías para mantener el pleno empleo y moderar las fluctuaciones comerciales.
El nuevo ciclo conservador fue provocado por la inflación de los años 1970, que parecía ser producto de las políticas keynesianas. El gurú económico de esa era, Milton Friedman, sostenía que la búsqueda deliberada del pleno empleo indefectiblemente alimentaría la inflación. Los gobiernos deberían concentrarse en mantener “sólido” el dinero y dejar que la economía se cuide a sí misma. La “nueva economía clásica”, como se la llegó a conocer, enseñó que, a falta de una interferencia gubernamental egregia, las economías gravitarían naturalmente hacia el pleno empleo, una mayor innovación y tasas de crecimiento más elevadas.
La crisis actual del ciclo conservador refleja la acumulación masiva de deuda incobrable que se volvió evidente con la crisis subprime, que comenzó en junio de 2007 y ahora se propagó a todo el mercado de crédito, hundiendo a Lehman Brothers. “Hay que pensar en una pirámide invertida”, escribe el banquero inversor Charles Morris. “Cuantos más reclamos se apilen sobre el resultado real, más tambaleante se vuelve la pirámide”.
Cuando la pirámide empieza a derrumbarse, el gobierno -es decir, los contribuyentes- deben intervenir para refinanciar el sistema bancario, revivir los mercados hipotecarios e impedir el colapso económico. Pero una vez que el gobierno interviene en esta escala, normalmente se queda por mucho tiempo.
Lo que está en cuestión aquí es el dilema sin resolver más antiguo de la economía: ¿las economías de mercado son “naturalmente” estables o necesitan ser estabilizadas mediante políticas? Keynes hacía hincapié en la fragilidad de las expectativas sobre las que se basa la actividad económica en los mercados descentralizados. El futuro es inherentemente incierto y, por lo tanto, la psicología de los inversores es caprichosa.
“La práctica de la calma, la inmovilidad, la certeza y la seguridad de repente se quiebra”, escribió Keynes. “Los nuevos temores y esperanzas, sin preaviso, se harán cargo de la conducta humana”. Esa es una descripción clásica del “comportamiento de rebaño” que George Soros identificó como la característica dominante de los mercados financieros. Es tarea del gobierno estabilizar las expectativas. Leia o resto do artigo »