- Blog do Desemprego Zero - http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero -

BARACK OBAMA : o Retrato de um Triunfador

Posted By Imprensa On 3 fevereiro, 2008 @ 8:23 pm In ELEIÇÕES, projetos e estratégias: 2008 e 2010,Internacional,O que deu na Imprensa | No Comments

Um retrato um tanto ou quanto laudatório de Barack Obama, mas mostrando
porquê esta figura enigmática cresceu tanto entre os eleitores jovens a
ponto de colocar em xeque a super-favorita Hillary Clinton…

BARACK OBAMA

Retrato de un triunfador

En su voz resuenan ecos de Kennedy y Luther King. Su historia encarna casi
al pie de la letra el sueño americano, cuando más maltrecho parece. Ése
puede que sea el secreto de su inesperado éxito. La clave que lo ha situado
a las puertas de la Casa Blanca. Exploramos su vida y su autobiografía para
averiguarlo.

Nueva York, 1982. Barack Obama es un estudiante mulato de 21 años en la
Universidad de Columbia. Ha llegado con lo puesto. La primera noche durmió
en un callejón y se lavó en una boca de incendios. Ahora ya está instalado.
Vive en un barrio duro, al este de Harlem, en un apartamento sin
calefacción. Tampoco hay telefonillo y si alguien lo visita, tiene que
llamarlo desde una cabina en la gasolinera de la esquina, donde un doberman
hace guardia. Obama bulle de impaciencia. Estudia mucho. Se define como un
monje de biblioteca. Tiene muchos sueños, pero ninguno muy concreto.
Pájaros en la cabeza. Saluda en español a sus vecinos puertorriqueños.
Juega al baloncesto en canchas callejeras donde a veces se oyen disparos.
Si el tiempo es bueno, se sienta con su compañero de piso en la escalera de
incendios. Fuman un pitillo, ocasionalmente lían un canuto. Miran a la
gente blanca de barrios más acomodados que pasea a sus perros y los lleva a
defecar a la acera de su bloque. «¡Recoged vuestras mierdas, bastardos!»,
grita su compañero. Y se ríen con las caras de susto de los dueños de los
chuchos.
Iowa, 2008. Barack Obama, el sorprendente aspirante demócrata de 46 años a
la Presidencia de los Estados Unidos, da el campanazo. En la periferia del
partido, sin apenas financiación y movilizando a los jóvenes, conquista una
victoria sonada y ahora lucha con Hillary Clinton en las primarias. Los
analistas aseguran que los fontaneros de Hillary tienen preparada una
campaña de desprestigio contra su rival. La típica guerra sucia. Pero Obama
ya desnudó su vida en una autobiografía. Y lo hizo a tumba abierta, pues
entonces no se dedicaba a la política. Ha reconocido los errores que
cometió. No los esconde ni se esconde. Admite que consumió marihuana y
cocaína cuando iba al instituto y que no se drogó con heroína porque no se
fiaba del camello. Su sinceridad desarma. Y esa transparencia está
cautivando a miles de votantes, más allá de las fronteras de género y raza:
blancos, negros e hispanos; hombres y mujeres, que ven en él una síntesis
de John Fitzgerald Kennedy y Martin Luther King.
¿Quién es Barack Obama? ¿Cuáles son sus orígenes? Son las preguntas que se
hacen los electores, pero también son cuestiones que se ha hecho muchas
veces el mismo Obama. Estados Unidos es una nación de inmigrantes que se
reinventan a sí mismos y de hijos de inmigrantes que buscan sus raíces. Y
la vida de Obama gira en torno esa búsqueda de su identidad. Escribió
Dreams from my Father (Sueños de mi padre) con 30 años, después de
graduarse en la Escuela de Derecho de Harvard. Es una autobiografía atípica
para un candidato presidencial por dos razones: está magistralmente escrita
y es de una sinceridad desconcertante, casi suicida.
Ese libro, del que lleva vendidos casi un millón de ejemplares, le podía
haber costado su carrera política. Hoy es su mejor arma. La gente anhela
autenticidad y transparencia en estos tiempos de impostura, ñoñería y
mensajes filtrados por la censura de lo políticamente correcto. «No tengo
secretos. Los votantes pueden juzgarme con conocimiento de causa. Y poner
en la balanza si los errores que cometí en mi juventud sobrepasan todo el
trabajo que he podido hacer después». Las comparaciones son odiosas. Sólo
hay que recordar a Bill Clinton negando que hubiese fumado marihuana o
mintiendo sobre sus relaciones extramatrimoniales. O al presidente Bush
ocultando que se escaqueó de Vietnam o describiendo sus problemas con el
alcohol como «pecadillos de juventud».
Barack Obama nació en 1961 en Honolulu. Hijo de una mujer blanca de Kansas
y de un estudiante africano que llegó a la universidad de Hawái con una
beca desde Kenia. El matrimonio duró un suspiro. Obama tenía dos años
cuando su padre, que ya había tenido mujer e hijos en Kenia, se marchó a la
Universidad de Harvard, donde se volvió a casar, y poco después regresó a
África. Obama lo idealizó. El padre ausente adquirió una resonancia mítica
en su vida.
La herencia de Obama va más allá del blanco y el negro. Cuando tenía seis
años, su madre rehizo su vida con un estudiante indonesio y la familia
emigró a Yakarta. Después de pasar dos años en una escuela musulmana y
otros dos en otra católica, Obama fue enviado a Hawái con sus abuelos
maternos, un vendedor de muebles y veterano de la Segunda Guerra Mundial
que se alistó un día después de Pearl Harbour y una empleada de banca,
mientras su madre trabajaba en el extranjero. Obama fue un adolescente
difícil. Hacía novillos para jugar al baloncesto en las peores calles de
Los Ángeles o emborracharse o fumar marihuana y, cuando se lo podía
permitir, meterse un tiro de coca. «Al igual que muchos chavales negros,
flirteé con el peligro y la autodestrucción. Por fortuna, me crie en una
familia con unos valores muy fuertes, típicos del Medio Oeste, y pude salir
indemne. Yo me colocaba porque quería ahuyentar las preguntas que me
atormentaban. ‘¿Qué significa ser mestizo?’ ‘¿Por qué los blancos me
consideraban un negro y los negros me miraban con desconfianza?’ ‘¿Cómo
podía ser útil en una sociedad que no parecía aceptarme?’ Jugábamos en el
terreno de los blancos, con las reglas de los blancos. Si el decano, el
entrenador, el profesor quería escupirte en la cara, podía hacerlo. Tu
única opción era la retirada, enclaustrarte en tu propio rencor. Y la
ironía final es que si te negabas a aceptar la derrota y te enfrentabas a
ellos, tenían un nombre para ti: paranoico, extremista».

Después de licenciarse por la Universidad de Columbia, consiguió un trabajo
en una consultoría de empresas multinacionales para pagar los préstamos de
su carrera universitaria. «Me sentía como un espía en territorio enemigo.
Alarmado de tener secretaria, un traje y dinero en el banco. Salía de una
reunión con banqueros japoneses o alemanes y me miraba en el espejo del
ascensor, con mi corbata y mi maletín, y por una décima de segundo me
imaginaba como un capitán de la industria, ladrando órdenes, cerrando un
trato, antes de recordar quién era y quién quería ser, y de sentir
remordimientos de conciencia por mi falta de valor».
Luego fue a Harvard, donde se convirtió en el primer afroamericano que
dirigió la revista de leyes, una publicación académica con influencia
mundial. Pasó un verano de becario en un prestigioso bufete, donde conoció
a Michelle Robinson, su inmediata superiora. La conquistó con
perseverancia. Se casaron en 1992. Tienen dos hijas, Malia Ann, de nueve
años, y Sasha, de seis. Pudieron hacer una fortuna juntos trabajando como
abogados de grandes empresas, pero prefirieron instalarse en un barrio
humilde de Chicago y colaborar durante años con las parroquias para
defender los derechos básicos del vecindario a una vivienda en condiciones
o a un empleo digno.
Michelle (de 44 años), en cierto modo, sigue siendo su jefa. Lo obliga a
tener los pies en el suelo. Y le otorga el plus de negritud que le falta a
la descafeinada piel de Obama a ojos de algunos sectores de la comunidad
afroamericana. También es alguien que se ha hecho a sí misma, desde el
durísimo South East de Chicago hasta la elitista Universidad de Princeton.
Ganaba bastante más que su esposo como vicepresidenta de asuntos
comunitarios de los hospitales de Chicago, unos 375.000 dólares al año,
hasta que Obama vio multiplicados sus ingresos (30.000 dólares como
profesor universitario, otros 60.000 como senador) por los derechos de
autor de sus libros. Además de trabajar y cuidar de las niñas, Michelle
advierte a los votantes de que su marido no es perfecto. Pero él ya sabe de
sus imperfecciones. No presume de ellas, pero tampoco las oculta. Se
confiesa ambicioso, se fustiga a sí mismo porque le encanta viajar en jet
privado para ahorrarse las esperas, le cuesta levantarse de la cama por las
mañanas? Pero lo más llamativo es su desmitificación de la figura paterna.
Su progenitor trabajó para una compañía petrolífera norteamericana en Kenia
y luego para el Ministerio de Turismo, hasta que cayó en desgracia y perdió
sus contactos en el Gobierno. Se convirtió en un alcohólico que pegaba a su
esposa. Para Obama, es una desilusión mayúscula. «Toda mi vida tuve una
imagen perfecta de mi padre. El estudiante brillante, el amigo generoso.
Eso se hizo añicos, reemplezada por la de un bebedor amargado y un marido
maltratador. Pero me rehice y pensé: bueno, haga lo que haga con mi vida,
no puedo hacerlo mucho peor que él.»
Un viaje iniciático a Kenia restaña sus heridas. Descubre que su familia
africana es amplísima, pero muy pobre. Su padre cuidó cabras antes de
conseguir una beca para largarse a Estados Unidos. Su abuelo fue cocinero
de los colonos británicos y un tirano con sus esposas e hijos. «Mi nombre,
Barack, es africano y significa ‘bendecido’. Me lo pusieron porque en
América no importa cómo te llames o de qué familia vengas, tú te forjas tu
destino.» Su caso es buen ejemplo de ello. Que este senador pueda
convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos no es una
quimera. En su voz resuenan ecos de Kennedy y del mítico «Yo tengo un
sueño», de Martin Luther King, que le inspira cuando dice: «Si hay un niño
en el sur de Chicago que no puede leer, eso me importa, aunque no sea mi
hijo. Si hay un anciano que no puede pagar sus medicamentos, eso empobrece
mi vida, aunque no sea mi abuelo. Si hay una familia árabe expulsada sin el
beneficio de un abogado o un proceso legal justo, eso amenaza mis
libertades civiles. Es esa creencia, la de que yo soy el guardián de mi
hermano, lo que hace que este país funcione».

MI VIAJE POR ESPAÑA, por Barack Obama

Yo esperaba el autobús nocturno en un bar de carretera entre Madrid y
Barcelona. Unos pocos hombres bebían vino en vasos pequeños y sucios. Había
una mesa de billar y por alguna razón me puse a jugar? Un hombre vestido
con un fino jersey de lana apareció de ninguna parte y me invitó a un café.
No hablaba inglés. Y su español no era mejor que el mío, pero tenía una
sonrisa que daba confianza y la urgencia de alguien que necesita compañía.
En aquel bar me contó que era de Senegal y que recorría España en busca de
trabajos estacionales. Me enseñó una fotografía gastada que llevaba en su
cartera: una chica joven de mejillas redondas. Su mujer, me dijo. Tuvo que
dejarla en Senegal para venir a España. Planeaba reunirse con ella en
cuanto ahorrase el dinero.
Al final viajamos juntos a Barcelona. Ninguno de los dos hablaba mucho. Él
intentaba explicarme los chistes de un programa que proyectaban en una
pantalla de vídeo encima del asiento del conductor. Poco antes del amanecer
nos apeamos en una vetusta estación de autobuses y mi amigo me hizo señas
para que le siguiera hasta una palmera pequeña, de tronco grueso, que
crecía junto a la carretera. De su mochila sacó un cepillo de dientes, un
peine y una botella de agua que me entregó con gran ceremonia. Nos aseamos
juntos, entumecidos por el relente, antes de ponernos los macutos al hombro
y caminar hacia el centro de la ciudad.
¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. Sólo era otro hombre hambriento lejos de
su hogar, uno de los muchos hijos de las colonias colándose entre las
barricadas de sus antiguos amos, organizando su propia y azarosa invasión
de harapos. Y sin embargo, mientras caminábamos hacia las Ramblas, mi
impresión era que lo conocía de toda la vida; como si ambos hiciésemos el
mismo viaje, aunque hubiésemos partido de lugares opuestos del planeta. Nos
despedimos. Yo estuve mucho tiempo parado en la calle, viendo cómo se
alejaba su figura delgada y patizamba. Una parte de mí deseaba acompañarle
en una vida de caminos abiertos y mañanas azules; otra parte de mí se
percataba de que ese deseo era una idea romántica y parcial. Hasta que me
di cuenta de que aquel hombre de Senegal me había invitado a un café y
ofrecido su agua, y eso era real, y quizá eso era todo lo que cualquiera de
nosotros tenía derecho a esperar: un encuentro al azar, una historia
compartida, un pequeño acto de bondad.

Extracto de Barack Obama, Dreams from my father (Crown Publishers).
DE VOTO EN VOTO… HASTA LA CASA BLANCA
Así es la carrera electoral de los candidatos a la Presidencia de los
Estados Unidos.

1. El test 8 de enero.
Iowa celebró sus primarias el 3 de enero. Allí ganó Obama. Pero no en las
de New Hampshire, consideradas el test más importante. Allí ganó Clinton.
Gracias a ese triunfo, puede contar con nuevos donativos para la campaña
electoral.
2. El supermartes 5 de febrero.
En el llamado ‘supermartes’, demócratas y republicanos eligen a sus
candidatos en 24 Estados a la vez. Tras este día, suele quedar claro
quiénes serán los contrincantes finales.
3. Toma de posiciones 3 de junio
Mientras votan los estados de Montana, Nuevo México y Dakota del Sur, los
candidatos que van en cabeza empiezan ya a consultar a sus respectivos
partidos quiénes serán los candidatos a la Vicepresidencia.
4. Convención demócrata 25-28 de agosto.
En Denver, Colorado, se presenta oficialmente al candidato demócrata a la
Presidencia en una mezcla de mitin y fiesta. Se habla del «próximo
presidente de los Estados Unidos de América».
5. Convención Republicana 1-4 de septiembre.
Se repite el mismo show en las filas republicanas. Ambos partidos le deben
sus mascotas, un elefante (los republicanos) y un burro (los demócratas) a
un dibujante de origen alemán, Thomas Nast.
6. Debates en la televisión octubre.
Es el momento de los debates televisados. Estas citas suponen el punto
álgido de la campaña desde que John F. Kennedy se impuso a Richard Nixon en
1960 gracias a su victoria ante las cámaras.
7. A votar martes 4 de noviembre
Los ciudadanos eligen a su presidente y vicepresidente. Pero no
directamente. Cada estado tiene asignado un número de compromisarios. El
candidato que consigue mayoría simple, se lleva todos los compromisarios
del estado.
8. A votar martes 4 de noviembrez
Los ciudadanos eligen a su presidente y vicepresidente. Pero no
directamente. Cada estado tiene asignado un número de compromisarios. El
candidato que consigue mayoría simple, se lleva todos los compromisarios
del estado.
9. El juramento 20 de enero de 2009.
A mediodía, el vicepresidente y el presidente juran su cargo en el
Capitolio. El tiempo entre las elecciones y la toma de posesión es una
tradición de cuando el presidente necesitaba días para llegar a Washington.


Article printed from Blog do Desemprego Zero: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero

URL to article: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/2008/02/barack-obama/

URLs in this post:

[1] ELEIÇÕES 2010, projetos e estratégias: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/1999/01/eleicoes-2010-projetos-e-estrategias/

[2] Duelo entre tucanos: a batalha de Kassab e Alckmin pela prefeitura paulistana expõe divisão no tucanato: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/2008/01/duelo-entre-tucanos-a-batalha-de-kassab-e-alckmin-pela-prefeitura-paulistana-expoe-divisao-no-tucanato/

[3] 2010: O sonho da oposição: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/2008/01/2010-o-sonho-da-oposicao/

[4] Eleições americanas: Obama vence Hillary e obtém o apoio de filha de John Kennedy: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/2008/01/eleicoes-americanas-obama-vence-hillary-e-obtem-o-apoio-de-filha-de-john-kennedy/

[5] Eleições americanas 2008: Os kennedy apóiam Obama e voltam a influenciar a política americana: http://www.desenvolvimentistas.com.br/desempregozero/2008/01/eleicoes-americanas-2008-os-kennedys-apoiam-obama-e-voltam-a-influenciar-a-politica-americana/

Copyright © 2008 Blog do Desemprego Zero. Todos os direitos reservados.